La Procedencia del Amor

En una oportunidad la esposa de un pastor conto lo que había sucedido entre su esposo y una perrita llamada Maggie, ya que no fue amor a primera vista. De hecho su primer encuentro se pareció más a una danza de guerra. Cuando Carlos (su esposo) volvío a casa del trabajo, Maggie lo detuvo en la puerta trasera y le gruño como si él fuera un intruso. Entonces quien gruño fue Carlos, pues quería saber por qué había en su casa un perro extraño. Le explicó por qué la rescato de la perrera, pero no se conmovió.



Sin embargo, al poco tiempo Maggie empezó a dar la bienvenida a Carlos por las noches con danzas y mucha emoción. Con sus 20 uñas chocando contra el suelo memeaba la cola y se movía rápidamente para decirle que su llegada era la mejor parte de su día. En una semana, su entusiasta bienvenida había ganado el corazón de Carlos.

El método de Maggie de ganarse el afecto de Carlos nos recuerda lo que escribieron el profeta Jeremías y el apósto Juan. El amor de Dios por nosotros, dijeron, nos lleva a una relación de amor con Él (Jeremías 31:3; 1 Juan 4:7-8,19).

Cuando pensamos que Dios disfruta nuestra presencia tanto como Maggie de Carlos, no entusiasma la idea de pasar tiempo con Dios. Nos damos cuenta que Dios nos ama mucho más de lo que Maggie ama a Carlos, y nuestro corazón se llena de amor por él. Luego nuestro corazón se llena de amor por los demás, porque el poder del amor de Dios capacita para amar aun a aquellos que no me aman.

Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3

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